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VIVA VALVERDE !

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Hola saludos a todos, por partes.

No tengo perdon, he recorrido toda españa corriendo carreras y nunca he ido a valverde, pero seguro que al final ire, viendo esto a uno se hace muy largo para el proximo año, pero llegará.

Si torres fuera futbolista cuando metiera un gol se quedaria sin tiempo para seguir jugando, nunca he visto tantas celebraciones juntas...jaja

A ver para cuando sale ya la cronica del piloto...la esperamos con paciencia.

gracias por el video y a torres por hacer afición.

bye

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a cuantos pilotos veis en una carrera jadear y animar y aplaudir como a rafa , es la grandeza de este deporte que la gente no solo quiere ver al pro , sino que también quiere ver al aficionado dan dolo todo , GRANDES todos los que hacemos este deporte por pasión no por una clasificación

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Soy Valverdeño y os aseguro que Torres es tan esperado en la trialera como el que más, aqui se sabe apreciar a un PILOTO.

Yo he estado en distintas partes del recorrido y os puedo asegurar que se conoce a Torres, cuando llega la gente comenta: ¡ya viene Torres!. El aficcionado sabe apreciar el esfuerzo de los protagonistas que no son otros que los pilotos, pero no solo los pros sino todos. Y por eso gente como Torres son ya de la familia endurera.

Por cierto aparezco en el video, en el minuto 3:11 dando una palmada en la espalda al PILOTO después de que este gritase "VIVA VALVERDE"

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Gracias por colgar el vídeo y la crónica, Master Josema.

De la Hoz, esa carrera es de las tuyas...

Jmsan, espero verte con dorsal pronto, que te nos vuelves vago...

jluna, allí jadeaba mucha gente, y eso que al nacional sólo van buenos, los mejores de cada pueblo. Creo que soy el peor!

Sergio10, gracias por tus palabras. La verdad es que correr en Valverde es distinto. Hay muchísima cultura de enduro, es cierto que se sabe apreciar el esfuerzo, y se nota que la gente de los controles monta porque saben de dónde vienes. Comentarios como: ésta era dura, todos sufren, subís reventados, etc, son habituales, y también es verdad que te llaman por tu nombre, que te conocen. Imagino que algunas veces con chuleta, pero al menos se molestan en llevar los nombres apuntados. Esto levanta la moral cuando estás en el fondo del pozo.

Todo aficionado debería ir a Valverde al menos una vez en su vida, y desde luego recomiendo prepararse para dar al menos una vuelta en carrera. Es una experiencia inolvidable.

Volveré siempre que pueda. Gracias otra vez por los ánimos.

EL fin de semana pasado, a pesar del esfuerzo y el sufrimiento fui muy feliz.

VIVA VALVERDE!

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Me enseño mi hijo el video q estaba en Facebook colgado. Que bueno, estuvimos un buen rato riendo, gente como Rafa necesitamos más en nuestro deporté, y gente como en Valverde.........también.

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El otro dia lei una cosa que definia perfectamente el enduro de valverde, "Equilibrada"!,y es lo que pense, nada imposible nada facil, el recorrido para aficionados no era dificil, era muy fisico, pero si tenias problemas habia marshals de sobra por todos lados, y para senior A, que son los que les va la marcha, un desafio, buena prueba para saber al nivel que andan. Practicamente todo el mundo un poco preparado lo termina, palmado o descalificado , pero se termina.

Enhorabuena a Rosa e Irene en feminas, porque terminaron los dos dias en buenos tiempos,y se repartieron las victorias, Irene termino el domingo sin penalizar y a 54s en el 2º dia de Rosa con la mano jodida y un golpe en la rodilla por una caida, estas tias estan fuertes.

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No estamos acostumbrados a incluir dentro de Befurious crónica de pilotos de carreras, no por nada, sino porque nunca lo hemos hecho, pero en este caso, las cosas son diferentes desde que muchos de vosotros nos decís que hagamos mayor seguimiento al amateur, así le realizamos un pequeño seguimiento a Rafael Torres, el arquetipo de piloto aficionado y que en un día importante de su vida afrontaba el Enduro de Valverde con la pasión que “El Piloto” pone el todo lo que hace, ahí va.

Texto y fotos: Rafael Torres & Befurious©

Es lunes. Media mañana. Me duelen tantos músculos y tantas articulaciones que no sabría decir exactamente qué es lo me duele más: los dedos, la espalda, las rodillas, los brazos.

Tengo hasta dolor de garganta.

Me muevo lento.

Estoy algo confuso.

Al teclear en el ordenador a veces fallo. Tengo poca precisión.

Ninguna postura en la silla me es cómoda.

Me siento como un boxeador tras un combate a 15 asaltos, que se ha decidido a los puntos.

He corrido el Campeonato de España de Enduro en la Catedral. En Valverde del Camino. He estado en el infierno y he vuelto para contarlo. Mis sentimientos aún son contradictorios; tengo flashes en el cerebro que me retornan a momentos agónicos, al borde del colapso, recuperando la cordura sin dejar de dar gas, para volver al límite un rato después…y así durante 6 horas cada día, dos días.

Uf.

Aunque hoy no sabría decir dónde está el placer, ya estoy seguro de que será un fin de semana inolvidable. Inolvidable aunque viviera tres vidas.

Ir al infierno, volver, y sentirse satisfecho, y a veces feliz (aunque me esfuerzo por dominar esta sensación para no verme a mí mismo como un loco), no se olvida fácilmente.

El año pasado la carrera fue fácil; hoy sé que fue porque quitaron permisos de medio ambiente y esto hizo que se recortara el rally. Esta vez el Motoclub Valverdeño tenía todos los permisos.

Todos.

Yo, ingenuo, me sentí defraudado cuando el viernes en el briefing vimos que había tres pasos con alternativas para todos menos para los pro:

- Yo aquí he venido a sufrir, a no dejarme nada, y ya me están quitando trialeras…

Sin embargo hubo una frase relevante, a la que no di importancia, pero que hoy cobra todo el sentido. La dijo el presidente del motoclub, XXXXXXX. Fue exactamente ésta:

- Ha vuelto el enduro de verdad a Valverde del Camino…

Para saber lo que significa esto, hay que ir. Hay que vivirlo. Merece la pena prepararse durante años para conseguir dar al menos una vuelta. Es una experiencia única. De una intensidad extrema.

Si no lo puedes hacer compitiendo, ve a verlo. Observa a los niños aficionándose al enduro desde que aprenden a caminar, chocando la mano en la entrada a las especiales a los pilotos. A la gente animando en cada curva, en cada curva, no sólo en las grandes trialeras. A los miembros de la organización llamándote por tu nombre en cada CH, diciéndote que no vas mal, que todos sufren. A la alcaldesa, a los camareros, a la policía, a Protección Vivil, a la Guardia Civil, al Seprona. Todos volcados con la carrera, disfrutándola, degustándola.

Impresionante.

La Catedral.

Mis recuerdos ahora son vivos, claros….

Por fin es sábado. Voy tan sobrado que ni siquiera he mirado el libro de ruta. Ya estuve aquí. Esto me lo hago sin problemas. Paco Avecilla, el sepeaker, me nombra como Rafa Torres “El Piloto”. Tengo tan asumido mi rol de campeón que ya no me río como antes, sólo asiento, y saludo alzando la mano a los que me chillan en las vallas.

Salgo con Castey y Cámara en mi turno, dos perros viejos que se las saben todas. Me llevarán a buen ritmo a los controles. A Ballesteros ya hay que pasar varias pozas anchas, enormes. Cuando digo enormes digo de 100 metros, de 100 metros. Decisión, coraje y suerte.

El Enduro Test está complicadísimo, muy embarrado, con tocones, con troncos caídos, con escalones. Nada de ese tramo que hacía en tercera el año pasado.

Es la primera sorpresa del día. He calentado pero bien.

Me dispongo a pasear al CH2. No pasan ni 5 minutos cuando me empiezo a dar cuenta de que no venía preparado mentalmente para esto. Nos meten en las primeras trialeras, y pataleando oigo motos cerca que intentan subir por otras. Las oigo en varios sitios. Esto qué es???

Después de esta hay otra???? No puede ser. Será la última. Esto es un error de mi subconsciente. He pensado tanto en motos, que ya las oigo por todos los lados.

No hay otra, hay 6 más, sólo hasta el primer control.

Las contaré en el libro de ruta por la tarde, ese libro de ruta que desprecié el día de antes, cuando me quiero cerciorar de que lo de la mañana ha sido real, que no ha sido un mal sueño…

Llego a la segunda crono con 7 minutos, 7, de penalización, para ir abriendo boca. Son las 10 y poco y ya estoy apurado. Miro con angustia a los de la carpa:

- Esto qué es??? Es así todo?

- Ehto eh Varverde, Torre. Qué te había creído???

Así? Ya? Sin más???

Vuelve, Rafa, vuelve. Concéntrate. Primera pasada a Tres Encinas. Un año pensando en este momento.

Subiré limpio, gallardo, elegante. No cogeré la alternativa. A degüello. Haré una trazada fina y segura.

Veréis, para que un tío suba por ahí, se han de dar muchas circunstancias:

- Ha de saber montar en moto bastante bien. Mínimo, mínimo, como yo.

- Ha de estar fuerte, muy fuerte.

- Ha de estar seguro de que lo va hacer, porque si no el miedo escénico le va a acobardar.

- Ha de tener poco miedo al ridículo.

- No le ha de importar mucho la clasificación, porque a poco que falle se pasará allí un buen rato.

- Ha de tener un par de pelotas.

Eso es todo. Tampoco es para tanto, no???

Yo respeto a todo el que osa meterse en ese puto anfiteatro en un día de carrera.

EN las imágenes sale el último tramo, pero hasta llegar ahí ya llevas lo tuyo: escalones, piedras enormes, tierra suelta, raíces.

Poco a poco vas encontrando más gente. Te chillan, te indican te animan.

La primera parte de la trialera es muy oscura, y la pendiente hace que no veas lo que hay a 30 metros.

Entonces se empieza a oír música, y más fuerte el clamor del público, como una cascada enorme.

Cuando los árboles van desapareciendo, se abre la vista, más a cada metro. Y a cada metro vas viendo más y más gente, por todos sitios. Hacia arriba. El solo lo ilumina todo como un fogonazo.

Como cuando salen al Coliseo en Gladiator…Una puesta en escena que invita a morir por el espectáculo.

Y te miran, notas como te miran. Cómo te jalean a ti. Lo notas. Y da la sensación de que aquello está lleno de gente, abarrotado, pero en las piedras infinitas, en el centro, no hay nadie, sólo miles de miradas, sobre cada movimiento tuyo. Muchísima vibración humana. Muchísima expectación, y en el medio tú, solo. Solo.

Solo.

Solo.

Tanto follón, y tú tan solo.

Tan expuesto al ridículo más profundo y más masivo de tu vida.

Siempre me pregunto: cómo coño ha llegado tanta gente ahí arriba??? Hay diez filas de gente detrás de las vallas. No se ve la montaña…

Créeme, en ese momento tienes que ir muy mentalizado para no coger la alternativa y salir de allí pitando, con la cabeza gacha, y seguir con tu humilde, anónima y tranquila vida.

Yo no. Yo soy actor. Yo subo.

Y desafío a todo el mundo con acelerones en vacío.

Yo tengo mucho miedo.

Pero también tengo muchas ganas de superarlo.

Me da morbo.

Me gusta.

Me encanta.

Lo que pasó desde ese momento hasta que salí de allí lo verás en los vídeos.

Cuando bajé, comprendí que había arruinado el primer día de carrera, que aquello ya no lo levantaba. No podía sumar dos más dos, rotundamente agotado.

No sabía ni dónde estaba… Sólo me retumbaba un eco: Tooorreees, tooooorrrres!

Al CH3, el de Cabecito Pelao llegué palmadísimo. Joan me dijo que si lograba entrar con menos de 30 minutos de retraso en el último control del día me sacarían en la clasificación. Aquello era una escabechina.

No tenía fuerzas.

No me podía adelantar en ningún control.

Estaba seguro de que no podía terminar.

Estaba derrotado. La meta estaba muy lejos de mis posibilidades.

Entonces, sabes lo que hice???

Seguí en carrera hasta llegar de nuevo a Tres Encinas.

Y cuando llegué a Tres Encinas, me volví a meter.

Más solo que nunca.

Todo el público para mí, ávido de espectáculo, de agonía, de sufrimiento.

Y un amigo que saltó del graderío natural me acompañó y me ayudó: Gerardo García de Blas.

Sin él creo que aún estaría allí…

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2ª parte.

Domingo, 9:30 de la mañana. Mismo sitio, misma hora. “Y aquí sale Rafa Torres, “El Piloto”, listo para otro día de enduro máximo como a él le gusta”… Buf. Sacudo la cabeza. Pocas bromas me caben ya en el cuerpo…

Han puesto un cartel: CH 1, + 2 min. CH3, - 4 min. Joder. Para ajustar la agonía al máximo, para que les dures más en el potro de tortura.

Un día radiante.

Ahora lo recuerdo, pero en ese momento ni lo pienso.

Gas. Concentración máxima. Gas. Ritmo.

El sábado por la tarde hice todo tipo de combinaciones para buscar alguna opción de acabar. Sumé el tiempo de todas las trialeras, más las especiales, y lo ajusté con las horas de paso. Calculo que me sobrarán dos minutos en el CH1, 0 en el 2, 2 en el 3 y otros 3 en el de padock, en la asistencia. Teniendo en cuenta que cada vuelta dura 150 minutos está bastante afinado. Esto es lo más optimista. Si todo va bien. Si todo marcha.

Si no me hago daño en las caídas, porque se asume que tres o cuatro habrá.

La primera es en Ballesteros. La crono hay que pelearla. Hay roderas de un metro, y donde el suelo está duro hay socavones constantes de otro metro. Caigo con tan mala suerte que rompo el cubremanetas del freno. Lo voy a necesitar, porque con un rally tan frondoso las ramas me tocarán el freno y me tirarán, muchas veces. Para no perder más tiempo me lo meto por delante en la riñonera, y se me clava en la barriga. Ya no tenía barriga, no??? Con estas palizas, había desaparecido?

No. Se me clava. Es un dolor soportable; es menos soportable perder tiempo.

No puedo atascar. Atascar te retrasa, pero sobre todo te cansa. Quedan 5 horas y no basta con llegar: hay que llegar rápido, si no te echan. Para ir rápido la mente ha de estar despejada. Para la mente despejada el cuerpo ha de estar razonablemente agotado, no fulminado.

Ruedo fluido, sin cometer errores. Esto es una novedad. Mil sentidos en el tacto del gas y del embrague, anticipación.

La hora se echa encima.

Vamos Rafa, tío! Va, va. No aflojes, va. Atrás, cuerpo atrás. Aplomo, anticipación.

La x del control, preciosa.

Entro en mi minuto, en el segundo 40, pero en mi minuto. Cámara me dice:

- Hombre Torres!!! – sorprendido el muy cabrón.

- Se me ha salido la cadena tres veces – miento.

- Mala suerte, no?

- Tiras o tiro??? – seco, tenso.

Cuando gira la cabeza, doy una bocanada, respiro agitado. Uf, uf. Juego psicológico. No sé por qué hago esas tonterías, si ya sabemos todos lo que hay…

Tres Encinas, mañana de domingo. Chicken Way. He cambiado la camiseta de Mercado Actual por la de Befurious, algo menos cantosa. No por esconderme, que ya sabes que yo no me escondo, sino porque se lo prometí a Pedro, y porque la otra tenía tanto barro que ya no se veía el color azul.

Cuando llego a la trialera escapo cobarde y convencido.

Todo cambia sin ese esfuerzo supremo. Ayer acabé con una nube borrosa de visión en el ojo izquierdo; esto me pasa cuando alcanzo muchas, muchas, muchas pulsaciones. Hoy es otra historia.

Ataco el rally, seguro de mí mismo.

Sin miedo.

Atravieso ríos en los que no se ve el fondo sin cortar, y el agua me entra por el cuello, me cala las manos, baja por los calzoncillos y me rellena las botas hasta que rebosa por arriba.

Da igual.

Estamos pilotando.

Mis sentidos están a otra cosa.

Soy bastante feliz, dentro de las circunstancias.

Hasta que en la salida de un vadeo, engancho en una raíz. Oh no!. Ansiedad, furia, pánico, se entremezclan.

Tiro como un poseso.

Empujo.

Arrastro.

Apoyo la rodilla en la pendiente.

Me caigo de culo.

Tengo ganas de llorar.

Maldigo.

Enseguida ahogo el grito: es un despilfarro de energía inútil. No gritar. No vale para nada.

Respira. Respira. Respira. Calma. Piensa. Respira.

Ahora:

Piensa.

Muevo la rueda de atrás un palmo. Doy un golpe de gas, y salgo.

Calculo que han sido entre dos y tres minutos de pelea. Ya no llego. El control es de 90 minutos, pero sin esos tres ya no llego.

Ya lo sé.

No rendirse.

Hago mi clásica entrada en el ch pidiendo paso, bufando. Algunos se quitan sabiendo ya que soy yo, esos, la mayoría, que llegan con unos minutitos de sobra.

Que hacen amigos antes de los CH.

Yo no he hecho un amigo antes de un CH jamás.

Un minuto de palme.

Estoy eufórico. Estoy eufórico porque sé que puedo acabar, que ahora todo depende de la mente. De no cometer errores.

En Cabecito Pelao meto ruido en las primeras curvas, y me siento bien adelante, en el depósito, para dibujar una bonita estampa en donde más publico hay. Después, cuando me alejo de las miradas, me arrastro con los pies colgando, y me acojono cuando entro en las pozas en las que ya hay unos paréntesis gigantes de huellas, buscando terreno virgen para no encallar aunque la línea no sea recta.

Salgo como un zombi.

Me estoy meando.

He bebido mucho antes de la salida y llevo dos horas y media a fuego. He sudado, pero algo habrá que evacuar.

Cuento con los tres minutos de la asistencia. Entonces, ya saboreando esos dulces momentos, me caigo y se me descoloca la rodillera.

Oh! Joder!

Usaré los 3 minutos para colocarla.

Ya mearemos más tarde.

El team B Husaberg me hace todo en la moto, sólo les falta beber agua por mí. Rápido, eficaz. Michel, Borja, Rafa, y Juanan, al que le he prometido que le regalaré el primer trofeo que gane en el nacional. Me jalean mucho, yo creo que un poco de broma.

Otra vez en marcha, la rodillera me sigue molestando, y uso el minuto que me sobra en el siguiente CH para colocarla otra vez.

Después es el grito de “Viva Valverde!!!” en el control de paso, en el vídeo que ya es mundial. Ya lo ha visto hasta mi padre: “cada día eres más tonto, Rafael…”.

Cuando llego a la especial de encinas ya no aguanto más. Me duelen los riñones. Pico la tarjeta, me separo dos metros y meo impúdico. Denso y oscuro.

Buf.

3 horas después de que me empezasen las ganas.

(cada día eres más tonto… los padres siempre tienen razón).

Luego, el infierno.

Todo está rotísimo. Cuando atasco en las subidas y meto primera la moto da arreones, se me dispara, me descoloca.

En las bajadas se me cala.

A veces me asalta la confusión.

Pido agua en los controles de paso y la engullo.

Creo que tengo fiebre.

Un tío del motoclub me ve la cara, y se me acerca, y se retira:

- A ti ehto Torre, te lo habían contao, pero pa zentilo hay que vení, eh? Amigo. Varverde eh azí, ehto eh Varverde!!!

Uau! Qué ida de olla!

Aprieto los dientes y arrugo el entrecejo para no caerme desmayado en sus narices.

Esto lo tengo claro: no voy a parar hasta que me desmaye.

Y ahora desmayarme es una opción real, no una metáfora.

Los calambres en las piernas empiezan a ser insoportables. En las subidas rezo porque no sean tan dolorosos que me impidan mantener la inercia.

Es como si diez pirañas me fueran mordiendo los abductores, cinco en cada pierna. Al mismo tiempo, con toda el ansia.

Sé por experiencia que esos calambres no impiden los movimientos, y se puede seguir con ellos, pero el dolor es real. Intenso. Profundo.

Siempre que puedo me pongo de pie e intento estirar contra las estriberas, con cuidado porque también me están saliendo calambres en otros sitios.

En un badén con una poza (en todos los badenes hay pozas hoy), le doy recto. Ya no puedo más. No puedo pensar en el sitio mejor. Recto y a fondo.

La rueda clava y salgo por orejas.

En el aire anticipo el dolor del impacto.

En el suelo se confirma. Craaaasssss chof.

Ay.

O me levanto o me duermo.

Me duermo. Me duermo… RAFA! VAMOS TÍO!!! No rendirse. Nunca!

Al subir a una montaña ya veo Valverde a lo lejos, como un Oasis para las caravanas del desierto. Pero las que se habían perdido, y ya se había muerto la mitad de sed.

Allí está.

Valverde del Camino.

La Catedral del Enduro.

Un pasillo de gente aplaude a los pilotos que entran en la última especial. Los niños sacan la mano para chocar. Los niños que ya aman el enduro: Migué, al que le iba a regalar la moto si ganaba, su hermana Anabel: “Tú ereh rtorre, el que ze zeñalaba la camizeta arriba de lah encina. Te he conosío por la voh”, Manu, que estuvo en nuestro campamento el año pasado, el de la gorra de de la Cierva, y que cuando me ve me grita RAFA!!!, María, Manolo, Pedrito, con sus padres, con sus madres…Aprendiendo que el esfuerzo siempre tiene recompensa. Muy grande.

Y yo un hombre al límite,

pero un hombre en meta…

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veras rafa , en Cataluña el nacional se corria en el segre y era una carrera amada por unos y odiada por otros yo la amaba era dura de cojones pero la amaba

A mí me encanta Valls de Torruella; llevo dos años yendo y si no pasa nada volveré éste. Es una carrera hecha con mucho sentido, muy larga, con especiales eternas, ni una pista, sin sitios en los que pueda haber tapones...

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